GrITO
Fantasmas en clase

A las nueve en punto de la mañana la profesora de la asignatura de estrategias persuasivas entró por la puerta de la clase número 8. Una vez allí dejó su bolso sobre la mesa, encendió el ordenador, accedió a la videollamada de sus alumnos y comenzó con su discurso.
Habló acerca de las características necesarias de debe poseer un emisor para que su mensaje sea entendido. Entre ellas: el atractivo físico, el poder, la experiencia en el conocimiento y por último la credibilidad que transmite.
Sus alumnos, sentados en mesas distanciadas del inicio de la clase, manteniendo los dos metros de distancia de seguridad y alguno más, escuchaban aparentemente “atentos” el monólogo de la profesora.
Sin embargo, la clase se encontraba llena de fantasmas. Cada alumno escondido detrás de un ordenador y cada ordenador concentrado en otra cosa. La profesora se veía apagada, cómo si la ilusión de sus primeros días fuera desapareciendo a medida que aparecían más y más fantasmas en la clase. No lo entendía. Ella daba clases de persuasión. Generalmente sabía cómo persuadir y mantener atento a su público. ¿Qué ocurría en esta clase?
Transcurrida media hora, por lo tanto, siendo las nueve y media de la mañana, la profesora se atrevió a apelar a su público directamente. No recibió respuesta alguna y continuó con la clase.
Dicha profesora es licenciada en Sociología en el año 1980, Doctora en ciencias Políticas y Sociología en 1989 y Catedrática de Comunicación Audiovisual y Publicidad en el 2001. Es profesora de las asignaturas “Estrategias persuasivas” , “Psicología del consumo” y Marketing Comunicacional”. Sus principales líneas de investigación a lo largo de su actividad académica son: En primer lugar, “La investigación del comportamiento del consumidor” de manera especial las cuestiones relacionadas con procesos de decisión y la adicción a la misma; y en segundo lugar, “La eficacia publicitaria”.
Esa es la trayectoria profesional (obviando algunos detalles) de la profesora que se mantenía firme, derrochando un discurso ante un público fantasma, que no ofrecía interés, no ofrecía feedback y no ofrecía comunicación.
A las diez menos veinte, decidió poner un vídeo. La multimedia siempre había funcionado en su trabajo y esta vez no sería diferente. Después de ver el vídeo encontraría a una clase activa, llena de personas de carne y hueso que se pegarían para levantar la mano y obtener el turno de palabra.
Sin embargo, sólo encontró silencio y a las diez menos diez, se despidió educadamente sin recibir respuesta y salió de la clase.