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TODOS QUEMADOS POR CULPA DE JULIETA 

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¿Qué se siente cuando sales de una relación de estilo apego-ansioso?


 

Paso de llamar tóxica a una relación que no lo era. Al menos no lo sentías así. Tu te sentías cuidada, valorada, amada. No recibiste un golpe, un insulto, un grito. Todo era bueno. Incluso lo malo era bueno.

 

Pero en toda historia de amor se esconde una parte de verdad y una parte de mentira. La mentira se transforma en un idilio del cual es complicado salir curado. Todo es parte de una gran obra de teatro en la cual la gente actúa, pero tú te sientes así, idílica. Como Julieta desde su torre, sin enterarse de que abajo, la gente se estaba quemando para intentar salvarla.

 

Tú dirías que el boom por el cual siempre preguntas, llegó a principios de mayo. Cuando una gran ingesta de orfidales te hizo desaparecer del mundo físico y llegar a la nada. Porque ahora sí que estoy acojonada: en el otro lado no hay nada. No sé si es que mi alma seguía conectada a mi cuerpo o es que solo se trataba de mi parte consciente la desaparecida, pero en cualquier caso, no ví ninguna luz. Nadie me habló en susurros. Mi muerte fue solo negro sobre negro. Como en cualquier cuadro barroquista. A veces piensas: “Y entonces ¿Qué? ¿Qué habría pasado?”  Y solo me sale decir que no estaría escribiendo esta mierda. 

 

Te perdiste unos cuantos días. Algunos te describen como una bolita enmarañada de pensamientos donde debía de haber una persona, embutida en una bata suave que le acababan de regalar por su decimonoveno cumpleaños. Otros recuerdan a una adolescente, ya casi convertida en mujer, que rechinaba por estar encerrada de nuevo en aquella torre. Otros, te describen como un alma en pena que no sabía separar bien la izquierda de la derecha. Todo fue fácil para ti aquellos días. El tiempo era fácil para tí cuando alguien vivía en tu cuerpo, y mientras tu,  desaparecías en los químicos azules. 

 

Sin embargo volvamos a esa relación, la cual hasta ahora, había sido perfecta. Para ti las frases como “Renunciaría  a todo por tí” “Cambiaría entera por ti” “Olvidaría   cualquier sueño por ti”, hasta entonces no te habían resultado difíciles de decir. Es más, salían solas. De ti brotaban como si te hubieras tragado toda una cascada de gilipolleces. Es que eran verdad. No te importaría cambiar, ni renunciar, ni olvidar, sin embargo en unos años te verías viviendo una vida que no era tuya y puede que gracias a aquellos orfidales, tu vida cambiará para siempre. O al menos, te obligarán a cambiar.

 

Una cosa está clara y es que el arte siempre sale por donde tiene que salir. Si se te olvidase escribir comenzarías a dibujar, y si te quedaras sin brazos por un trágico accidente, comenzarías a esculpir con los pies. Quienes no pueden expresar, necesitan sacar el síntoma a través de la palabra. Aunque no siempre lo hagamos bien. Y la cosa es que hoy por hoy sigues escribiendo, aunque te encuentres con el corazón partido, la cabeza llena de químicos y los dedos doloridos de tanta tecla. 


 

Me han enseñado que no se debe decir culpa sino responsabilidad. Que no se debe hablar desde el enfado sino desde la palabra. Que mostrar el síntoma de forma pasiva solo te convierte en una bomba y que las relaciones deben cuidarse desde su inicio.

 

No te he cuidado. No he sabido hacerlo. No quiero convertir esta clase de reflexión en un pensamiento autocrítico donde me veo en un espejo y me digo :”Tu puedes, sigue así”. Pero ha sido más o menos algo así. Mi cerebro ha dejado de dar vueltas en la dirección de la autodestrucción y ha preferido socorrerse, agarrarse a la cuerda a la que todo el mundo le aconsejaba agarrarse, saltar de una vez por todas a la piscina (esperando que estuviera llena de agua) y bajar de la puta torre para empezar a apagar las llamas con el resto de compañeros. Llamas, que había creado ella misma. 

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