GrITO
MI VIDA EN TORNO A UNA MESA

Una mesa rosa, que luego pasó a ser morada y finalmente gris.
Fue rosa en mi infancia. Cuando llegaba del colegio y me ponía a hacer los deberes. Aquel rosa fucsia inundaba mi habitación. Solo podía pensar en acabar para correr rápido a los brazos de mi madre y ver una película con ella.
Luego fue morada, al igual que el resto de los muebles de mi habitación. Esa fue la mesa de mi adolescencia. Llegaba del colegio para estudiar y deseaba terminar para ponerme a escribir y así escapar de mi madre, de la habitación morada y del mundo en general.
¿Cuántos poemas habré escrito en esa mesa? ahora todos olvidados y carcomidos por el tiempo . ¿Cuántos días habrá esperado, mirando fijamente el calendario, para cumplir la mayoría de edad? y así poder irme de casa y empezar mi nueva vida. ¿Cuántas veces habré llorado sobre esa mesa? Y he tenido que pasar un trapo para eliminar cualquier rastro de tristeza.
Y ahora, en la madurez, ya que no me atrevo a denominar cómo adulta, mi mesa es gris, al igual que el resto de mi cuarto. Hay detalles que resaltan, cómo las plantas que han quitado el puesto a los juguetes, los minerales, las velas, los inciensos. ¿Cuántas veces habré fumado sobre aquella mesa? Y habré tenido que limpiar los restos de ceniza. ¿Cuántas discusiones habré tenido con mi madre alrededor de aquella mesa? Y nos hemos perdonado frente a ella. ¿Cuántas veces me habré escondido debajo? ¿Por cuántos amores habré luchado? ¿Cuántas decisiones habrá tomado, haciendo listas de pros y contras sobre aquella mesa?.
No se decir el número exacto de veces que esa mesa me ha salvado de la vida, pero si se , que me ha acompañado durante estos 20 años y que lo seguirá haciendo durante muchos más, pero, con distinto color.