GrITO
Mi propia PARÁBOLA

Nuestra propia parábola.
Algunos, piensan que el tiempo es lineal. Los sucesos ocurridos no han ocurrido nunca anteriormente y lo que vendrá, no volverá a venir. Otros, creen en el tiempo cíclico. El tiempo se repite continuamente, y los sucesos ocurridos, son solo mejoras o malas imitaciones de lo que vendrá más tarde.
Me incluyo en el segundo grupo. Creo que el tiempo, es cíclico. Todos los días constituyen un círculo. Los puntos que componen una circunferencia, serian en nuestro sujeto llamado tiempo, días, meses, años, vidas… Lo que pasa, es que nadie vive lo suficiente para ser testigo de esta continua repetición. La historia siempre se repite, algunos, piensan que es porque el ser humano olvida sus errores; y otros simplemente opinan que es una condición del espacio-tiempo. Sin embargo, esta experiencia, me ha dado un ejemplo muy claro para defender mi tesis, defendida tantas veces antes, por muchos otros científicos.
Cuando nacemos, necesitamos cuidados básicos, aprender a sobrellevar nuestra vida recién regalada, interiorizar nuevos aspectos con los que compartiremos parte de nuestro tiempo, aprender a querer, a querernos a nosotros mismos ahora que todo es nuevo, intentar comprender lo que se nos da, las novedades que nos perturban. Con esta experiencia, he comprendido que la vida, es un continuo proceso, que acaba por supuesto, al igual que empezó. Un ser, necesitado de amor, de cuidados básicos y de un continuo aprendizaje. Podemos decir, que el ser humano, experimenta un continuo declive, que por supuesto acaba, con la muerte. El bebé, sin entrar en temas religiosos o morales, viene y aprende, crece, y envejece. Con esto, no quiero quitarle importancia a la vida, o restarle valor al periodo de tiempo que se nos regala, simplemente quiero dividirla, simplificarla para hablar de ella como si no fuese divina. Hacerla pequeña, para que pueda entrar en mi simple cabeza humana.
Venimos al mundo pidiendo ayuda, y salimos de él con el mismo proceso; solo que, invertido, dado que la vida podría dibujarse en una grafica tal que así:
Parábola
El inicio de la grafica es el nacimiento. Está situada hacia abajo dado que no tenemos los recursos necesarios para ser independientes. A medida que el ser humano avanza en su vida vital, es decir, a medida que crece, se transforma en un sujeto más independiente, hasta llegar a un punto álgido, que podría decirse que es la etapa adulta (hablamos de independencia en cuanto a cuidados básicos, no a sentimientos o soledad, dado que estoy convencida de que el ser humano, aparte de ser natural y racional, es social; le guste o no, depende del afecto de los demás.) y después comienza a descender de nuevo por la grafica, hasta convertirse de nuevo, en un ser, totalmente dependiente (anciano) hasta la muerte. Que una etapa este situada arriba o abajo no significa que sea mejor o peor, no se me malinterprete. Todas y cada una de las etapas de la vida de una persona debe ser valorada como especial y única, lo que le otorga un cariño infinito. Todas las etapas, deben disfrutarse.
Ahora hablaré de otro concepto que también me ha llamado la atención en esta maravillosa experiencia: el afecto. El personal docente del centro realmente sentía cariño por todos los ancianos que viven allí. La persona no es olvidada y catalogada como paciente, sino que se le conoce, se sabe de su historia, de su pasado, de sus deseos ya olvidados, sus sueños cumplidos o sin cumplir, su familia etc. Al igual que los ancianos al personal. Se podía respirar el aire cargado de familiaridad y cariño hogareño, algo que es realmente precioso, porque las personas, en su última etapa de la vida, deben estar llenas de amor, y así es como se encuentran todos en la residencia Loreak.
Yo tenía, por así decirlo, una especie de sentimiento reacio hacia las residencias, dado que cuando era pequeña, en una residencia que no recuerdo, una anciana que vestía de mil colores y sonreía constantemente, me dio un monologo realmente sabio. Sin embargo, aquel monologo que en un principio parecía tan feliz como su ropa, acabo siendo una reflexión realmente triste, que concluyo con la oración: “aquí te arrebatan hasta las ideas”, refiriéndose por supuesto a la residencia. Debo admitir, que aquella era muy diferente a Loreak. Era mucho más grande y fría, tenía más pacientes y menos historia, mucho silencio y personal indiferente. Los ancianos no eran considerados personas que habían vivido y que tenían mucho que enseñar, sino más bien, pacientes que esperaban, a que el tiempo marcado en su muñeca, diera el final. Por ello, cuando fui por primera vez al geriátrico Loreak, me lleve una grata sorpresa, por todo lo mencionado antes.
Es cierto que los ancianos son como niños al fin y al cabo, que en vez de “crecer/aprender” podría decirse que “decrecen/empequeñecen” se hacen más niños. Sin embargo, cada vez que he salido del establecimiento, me he sentido más grande, mas orgullosa de mi misma, me he querido más, e incluso me he llegado a perdonar errores que no me dejaban apreciarme como soy. Los ancianos, al verles tan humanos, tan parecidos a nosotras al fin y al cabo, me hicieron sentirme, como si estuviéramos en una clase nueva, como si me estuvieran recibiendo.
A veces el tiempo me da miedo. Es un fenómeno que no se puede explicar, que no se comprende del todo, al que intentamos limitar con horas, meses y días, pero está claro, que es mucho más poderoso que nosotros. Sin embargo, al conocer a todas estas personas, me he dado cuenta de que el tiempo, a pesar de que nos hace “menguar” nos enseña, nos forma, nos deja vivir.
Me sentiré muy afortunada, si llego a una edad avanzada habiendo vivido una vida feliz. Me sentiré agradecida por haber tenido mi propia parábola.

